¿Alguna vez se te ha quedado un dedo atascado al intentar doblarlo? Dedo en gatillo

El dedo en gatillo (también conocido como “tenosinovitis estenosante de los flexores” o “dedo resorte”) es una patología común de la mano que causa dolor, rigidez y un característico “salto” o bloqueo del dedo al intentar moverlo. Esta condición afecta con frecuencia a personas que realizan movimientos repetitivos de la mano o que mantienen agarres prolongados, como trabajadores manuales, deportistas o músicos, pero también puede aparecer sin una causa clara.

En este artículo veremos qué es el dedo en gatillo, cuáles son sus causas y tipos, cómo se diagnostica y qué opciones existen tanto desde el punto de vista médico como fisioterapéutico.

¿Qué es el dedo en gatillo y cuál es su causa?

El dedo en gatillo es una alteración del mecanismo de deslizamiento de los tendones flexores de los dedos. En condiciones normales, estos tendones se deslizan suavemente dentro de una serie de poleas fibrosas que los mantienen próximos al hueso durante el movimiento de flexión y extensión del dedo.

Cuando una de estas poleas, habitualmente la polea A1, situada a nivel de la base del dedo, se inflama o se estrecha, el tendón tiene dificultades para deslizarse. Además, la fricción repetida puede provocar un engrosamiento del tendón (formación de un nódulo), que agrava el atrapamiento.

Como resultado, el dedo puede bloquearse en flexión y, al intentar extenderlo, “salta” bruscamente, dando lugar a la sensación de “chasquido” o “resorte”.

Aunque puede afectar a cualquier dedo, es más frecuente en el pulgar, anular y medio, y puede aparecer en uno o varios dedos de una o ambas manos.

El origen del dedo en gatillo suelen ser los movimientos repetitivos que sobrecargan los tendones de los dedos de la mano. Es típico en personas que realizan de forma repetitiva movimientos de las manos que requieren agarre o presión constante: aquellos que trabajan con herramientas manuales, escriben mucho en teclado e incluso en quienes tocan instrumentos musicales. También puede estar relacionado con enfermedades sistémicas como la diabetes mellitus o la artritis reumatoide, que afectan los tejidos de las manos. En algunos casos puede ocurrir por desequilibrios hormonales, especialmente en mujeres postparto o durante la menopausia. De hecho, esta patología es más frecuente en mujeres entre los 40 y 60 años.

Tipos de dedo en gatillo

Podemos clasificar el dedo en gatillo en función de su grado de severidad y su forma de presentación:

a) Según la severidad (clasificación de Quinnell):

  1. Grado 1 (leve): existe dolor y sensibilidad sobre la polea A1, pero sin bloqueo.
  2. Grado 2 (moderado): hay bloqueo, pero el paciente puede extender el dedo activamente.
  3. Grado 3 (severo): el bloqueo requiere ayuda pasiva para extender el dedo.
  4. Grado 4 (fijo): el dedo queda bloqueado en flexión, sin posibilidad de extensión completa.

b) Según la causa:

  • Dedo en gatillo idiopático: sin causa aparente, el más habitual en adultos.
  • Dedo en gatillo secundario: asociado a enfermedades sistémicas (diabetes, artritis reumatoide, gota).
  • Dedo en gatillo congénito: presente desde el nacimiento, debido a una alteración del tendón flexor largo del pulgar.

Síntomas y manifestaciones clínicas del dedo en gatillo

Los síntomas suelen desarrollarse de forma progresiva y empeoran con el tiempo si no se tratan.

Los signos y síntomas más comunes incluyen:

  • Dolor localizado en la base del dedo afectado, sobre la polea A1.
  • Sensación de chasquido o resorte al mover el dedo.
  • Rigidez matutina o dificultad para extender completamente el dedo al despertar.
  • Nódulo palpable en la base del dedo.
  • Bloqueo o atrapamiento del dedo en flexión, que puede requerir la ayuda de la otra mano para extenderlo.

En fases avanzadas, puede haber limitación funcional importante, impidiendo tareas cotidianas como escribir, sujetar objetos o abotonarse la ropa.

Diagnóstico del dedo en gatillo

El diagnóstico es clínico y suele ser sencillo, basado en la historia del paciente y la exploración física, aunque también se pueden realizar pruebas de imagen complementarias.

a) Evaluación clínica

Durante la exploración, el fisioterapeuta o el médico buscará:

  • Dolor y sensibilidad a la palpación sobre la polea A1.
  • Presencia de un nódulo tendinoso palpable que se desliza durante la flexoextensión.
  • Bloqueo o salto palpable y visible del tendón al mover el dedo.

En algunos casos, se evalúa el grado de afectación según la clasificación de Quinnell o mediante escalas de dolor y función (como el cuestionario DASH).

b) Pruebas de imagen

No siempre son necesarias, pero pueden ayudar a descartar otras causas:

  • Ecografía musculoesquelética: muestra el engrosamiento del tendón o de la polea, así como la presencia de líquido inflamatorio.
  • Resonancia magnética (RMN): se reserva para casos complejos o recurrentes.

Tratamiento del dedo en gatillo

El tratamiento dependerá del grado de afectación y del tiempo de evolución de la lesión, pero puede ser conservador o quirúrgico en casos más graves.

  1. Tratamiento conservador

En los grados leves y moderados, suele optarse por un enfoque conservador inicial que se realiza generalmente desde la fisioterapia. Los objetivos principales son disminuir el dolor, reducir la inflamación, mejorar la movilidad y prevenir recaídas. En general, el manejo fisioterápico se basará en:

  • Educación del paciente: evitar movimientos repetitivos de agarre o presión que puedan agravar el dolor y el bloqueo, y enseñar posturas de descarga de la mano.
  • Ejercicio terapéutico: ejercicios movilidad activa y pasiva del tendón flexor además de activación y fortalecimiento progresivo del dedo y de la mano para que los tejidos se vayan adaptando al movimiento normal.
  • Terapia manual: movilización de las vainas tendinosas y liberación de tejidos blandos para reducir adherencias.
  • Técnicas complementarias: los vendajes funcionales, kinesiotaping, la electroterapia u otras técnicas de fisioterapia pueden ayudar a reducir la inflamación y el dolor.

En algunos casos, los médicos pueden aplicar férulas de inmovilización para mantener el dedo en extensión parcial durante 3–6 semanas para reducir la fricción del tendón. Desde la medicina, también pueden ser necesarios o de gran ayuda los antiinflamatorios no esteroideos y/olas infiltraciones con corticoides en la vaina del tendón, con alta tasa de éxito (hasta el 70–80 % en casos leves).

b. Tratamiento quirúrgico

Si el tratamiento conservador fracasa tras varios meses o el bloqueo es severo (grado 3–4), se plantea la liberación quirúrgica de la polea A1.
Existen dos modalidades principales:

  • Cirugía abierta: se realiza una pequeña incisión para liberar la polea.
  • Cirugía percutánea: se emplea una aguja o bisturí pequeño para cortar la polea sin abrir completamente la piel.

Ambas técnicas suelen tener excelentes resultados y permiten una recuperación funcional rápida, especialmente si se inicia fisioterapia de manera precoz.

La fisioterapia también será fundamental en la recuperación postquirúrgica, con ejercicios similares a los anteriores, pero siendo algo más conservadores debido a la importancia de respetar los tiempos de los tejidos y la cicatriz tras la cirugía.

Propuesta de ejercicios para el manejo del dedo en gatillo

Todos los ejercicios deben realizarse sin dolor agudo, dentro de un rango tolerable y sin bloqueo, de forma lenta y controlada, sin forzar, adaptándolos al grado de la lesión y al momento del tratamiento (conservador o postquirúrgico). Todos los ejercicios se deben hacer diariamente e incluso 3 veces a día (mañana, mediodía, tarde).

Los objetivos de los ejercicios son:

  • Mantener y recuperar la movilidad del dedo afectado.
  • Favorecer el deslizamiento del tendón flexor dentro de la vaina.
  • Reducir rigidez y adherencias.
  • Mejorar la fuerza y la función de agarre.
  • Evitar la recurrencia del atrapamiento.

1. Fase inicial (control del dolor y movilidad suave)

Indicada en fases tempranas o tras la retirada de una férula. Consiste en ejercicios de movilidad global de la mano y muñeca para mantener la función y prevenir rigidez:

  • Movilización activa asistida

Con la mano relajada, usa la otra mano para ayudar a flexionar y extender suavemente el dedo afectado con el objetivo de mantener el deslizamiento del tendón sin fricción excesiva.

  • Deslizamiento tendinoso básico

Este ejercicio ayuda a que el tendón se mueva dentro de la vaina, evitando adherencias, realizando movimientos suaves de flexión y extensión del dedo. La secuencia, de manera lenta, sería la siguiente:

  1. Posición recta: dedos extendidos.
  2. Garra: flexiona las articulaciones interfalángicas manteniendo los nudillos rectos.
  3. Puño completo: flexiona todos los dedos hasta tocar la palma.
  4. Puño plano: dedos flexionados solo por las falanges proximales.
  5. Vuelve a extensión completa.
  • Estiramiento pasivo suave

Con la mano sana, lleva el dedo afectado lentamente hacia la extensión, manteniendo el estiramiento 10–15 segundos sin dolor para así mejorar la elasticidad del tendón y de la vaina.

2. Fase intermedia (movilidad activa y fuerza progresiva)

Cuando ya no hay bloqueo o inflamación significativa.

  • Apertura y cierre de toda la mano

Realiza aperturas y cierres de la mano de forma lenta y controlada buscando que no aparezca el bloqueo del dedo afecto.

  • Ejercicios con pelota, tanto de agarre como de pinza

Usar una pelota blanda y después progresar a una más dura (como una pelota de tenis) para hacer agarres con fuerza de la misma, manteniendo 3–5 segundos la presión con el objetivo defortalecer los flexores sin sobrecargar el tendón. También puedes hacer el gesto de la pinza, tocando la punta del pulgar con cada dedo (índice, medio, anular, meñique), haciendo una ligera presión.

  • Extensión contra resistencia con goma elástica

Coloca una goma elástica alrededor de todos los dedos y el pulgar. Abre lentamente la mano, separando los dedos. Puedes hacerlo con todos a la vez o solo separando dos dedos entre sí.

3. Fase avanzada (fortalecimiento y función)

Indicada cuando el movimiento es libre y sin chasquido. El objetivo de esta fase es la  reeducación funcional: recuperar la fuerza de prensión y la coordinación fina de los dedos.

  •  Apretón isométrico con resistencia

Apretar una pelota más firme o una toalla enrollada, manteniendo la presión más de 5 segundos y relajando lentamente con el objetivo de mejorar la fuerza global de agarre.

  • Flexión del dedo afecto contra resistencia con goma elástica

Flexiona el dedo afecto contra la resistencia de una goma elástica de forma lenta y evitando el chasquido o bloqueo. Puedes aguantar 3-5 segundos manteniendo la resistencia en flexión máxima.

  •  Ejercicio de extensión activa en mesa

Apoya la mano sobre una mesa con la palma hacia abajo. Levanta lentamente el dedo afectado sin mover los demás. Puedes hacer resistencia con la otra mano para mayor dificultad.

  • Ejercicios funcionales

Cuando el dolor haya desaparecido y el movimiento sea fluido, trata de simular gestos cotidianos como escribir, teclear, abotonar o coger objetos pequeños. Además debes introducir ejercicios de coordinación y destreza manual (por ejemplo, coger canicas y meterlas en una botella, coser o hacer pulseras).

En concusión, el dedo en gatillo es una patología frecuente y potencialmente incapacitante, pero con un excelente pronóstico si se aborda de manera precoz. La fisioterapia tiene un papel fundamental tanto en la prevención como en el tratamiento, ayudando a restaurar el movimiento normal y evitar la recurrencia. Un manejo coordinado entre el fisioterapeuta y el médico garantiza una recuperación completa y funcional del paciente.

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Autora: Paula del Toro (Fisioterapeuta)

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