Tengo un esguince de muñeca, ¿qué debo hacer?

El esguince de muñeca es una lesión frecuente tanto en deportistas como en la vida cotidiana, especialmente tras una caída con la mano extendida. Aunque la mayoría de los casos no son graves, un diagnóstico y tratamiento adecuados son esenciales para evitar complicaciones como la rigidez, la inestabilidad o el dolor persistente.

A continuación, veremos qué es un esguince de muñeca, sus causas, tipos, síntomas, diagnóstico y cómo debe abordarse, tanto desde el punto de vista médico como fisioterapéutico.

¿Qué es un esguince de muñeca?

Un esguince de muñeca ocurre cuando uno o varios de los ligamentos que estabilizan la articulación radiocarpiana (la unión entre el antebrazo y la mano) se estiran o se rompen parcialmente debido a una fuerza excesiva.

Los ligamentos son estructuras de tejido fibroso que mantienen los huesos en su posición y aportan estabilidad. Cuando son sometidos a una tensión brusca, como ocurre al caer con la mano extendida o al realizar una torsión repentina, pueden lesionarse y producir dolor, inflamación y pérdida de movilidad.

Dentro de la muñeca hay muchísimos ligamentos, tanto en la parte dorsal como de la palma de la mano, y todos ellos son importantes para la estabilidad de la muñeca.

Las causas más comunes son:

  • Caídas sobre la mano extendida.
  • Deportes de contacto o riesgo de caída, como baloncesto, snowboard o patinaje.
  • Movimientos forzados o torsiones al cargar peso.
  • Golpes directos sobre la muñeca.
  • Hiperlaxitud ligamentaria o articulaciones hipermóviles.

Tipos y grados de esguince de muñeca

Según la gravedad de la lesión, todos los esguinces se clasifican en:

  • Grado I (leve): distensión o microdesgarro ligamentario. Dolor leve y mínima inflamación.
  • Grado II (moderado): rotura parcial del ligamento, con dolor moderado y ligera inestabilidad.
  • Grado III (grave): rotura completa del ligamento, con inestabilidad evidente y pérdida de fuerza.

Síntomas y diagnóstico del esguince de muñeca

Los síntomas más habituales son:

  • Dolor en la cara dorsal o lateral de la muñeca.
  • Inflamación o aumento de volumen local.
  • Limitación de movimiento, sobre todo en flexión y extensión.
  • Sensación de debilidad o “flojera” al coger objetos.
  • Hematoma o enrojecimiento (en grados moderados y graves).
  • En casos severos, bloqueo o chasquidos dolorosos.

Es importante descartar una fractura de radio o escafoides, ya que pueden confundirse con un esguince.

El diagnóstico se basa en la exploración clínica y, si es necesario, en pruebas de imagen.

a) Valoración clínica

El profesional explorará:

  • Dolor a la palpación de los ligamentos.
  • Movilidad activa y pasiva.
  • Pruebas específicas como el test de Watson (para el ligamento escafolunar).
  • Comparación con la muñeca sana.

b) Pruebas de imagen

  • Radiografía: descarta fracturas.
  • Resonancia magnética: muestra el estado de los ligamentos y tejidos blandos.
  • Ecografía: útil en fases tempranas para ver edema y engrosamiento ligamentario.

Tratamiento médico

En la mayoría de los casos, el tratamiento inicial es conservador, es decir, sin cirugía.

a) Enfoque conservador (Grados I y II)

  • Reposo relativo: evitar actividades que provoquen dolor o sobrecarga.
  • Inmovilización inicial: en casos moderados, puede usarse una férula o vendaje funcional durante 1–3 semanas.
  • Antiinflamatorios o analgésicos en los primeros días, bajo indicación médica.

El objetivo es permitir la cicatrización del ligamento sin pérdida de movilidad, por lo que se busca introducir el movimiento progresivo lo antes posible, siempre sin dolor.

b) Cirugía (Grado III o inestabilidad severa)

Si el ligamento está roto completamente o la articulación es inestable, puede requerirse una reparación quirúrgica. Tras la operación, la fisioterapia es clave para recuperar fuerza, movilidad y control articular.

Tratamiento fisioterapéutico

La fisioterapia es esencial tanto para los esguinces leves como para la recuperación postinmovilización o postquirúrgica. Su objetivo es restaurar la función, mejorar la fuerza y prevenir secuelas.

A continuación, se detalla el enfoque fisioterapéutico cuando no hay cirugía.

a) Fase inicial (primeras 2–3 semanas)

El foco está en proteger el ligamento y mantener la movilidad sin dolor.

Objetivos:

  • Disminuir la inflamación y el dolor.
  • Evitar rigidez articular.
  • Mantener la función del resto del brazo y la mano.

Intervenciones:

  • Movilizaciones activas suaves: movimientos de flexión, extensión, desviación radial y cubital y pronosupinación del antebrazo en rangos cortos y sin dolor. Pueden hacerse varias veces al día.
  • Ejercicios de dedos y hombro: apretar una pelota blanda, abrir y cerrar la mano, mover los dedos individualmente.
  • Terapia manual leve: movilizaciones pasivas suaves y técnicas de deslizamiento para mantener la movilidad del carpo.
  • Vendaje funcional o kinesiotape para dar soporte sin inmovilizar completamente.

Durante esta etapa no se debe sentir dolor agudo ni chasquidos. El movimiento debe ser lento, controlado y dentro del rango tolerable.

b) Fase intermedia (3–6 semanas)

En esta fase se introduce el trabajo de fuerza y estabilidad progresiva.

Objetivos:

  • Recuperar fuerza de la musculatura flexora, extensora y pronosupinadora.
  • Mejorar la propiocepción y el control neuromuscular.
  • Evitar recaídas o sobrecargas.

Propuesta de ejercicios:

  1. Fortalecimiento con goma elástica:
    • Flexión y extensión de muñeca: apoyar el antebrazo sobre una mesa o cojín, con la mano fuera del borde. Sujetar una goma y hacer movimientos controlados hacia arriba y abajo.
    • Desviaciones radial y cubital: con el antebrazo apoyado, mover la mano hacia los lados resistiendo la goma.
    • Pronosupinación: sujetar una goma o palo ligero (por ejemplo, un martillo) y rotar lentamente la muñeca hacia dentro y fuera.
  1. Fortalecimiento con pesas ligeras (0,5–1 kg):
    • Flexión y extensión de muñeca con el antebrazo apoyado.
    • Aumentar la carga solo si no hay dolor.
  1. Ejercicios de agarre progresivo:
    • Apretar una pelota de espuma o masilla terapéutica.
    • Ejercicios de pinza entre el pulgar y cada dedo.
  2. Propiocepción:
    • Mantener la mano sobre una pelota pequeña e intentar estabilizarla mientras se mueve suavemente.
    • Usar plataformas o superficies inestables para trabajar la estabilidad fina del carpo.


Todos los ejercicios deben realizarse con dolor tolerable (máximo 3/10). El dolor punzante o la sensación de “salto” deben detener el ejercicio inmediatamente.

c) Fase de readaptación (desde la 6.ª semana en adelante)

Una vez desaparece el dolor y se recupera la movilidad, se pasa al trabajo funcional.

Objetivos:

  • Reforzar la estabilidad articular.
  • Mejorar la fuerza y la resistencia.
  • Reentrenar gestos laborales o deportivos.

Ejercicios avanzados:

  • Apoyos progresivos: comenzar con peso parcial sobre la palma en superficies blandas (por ejemplo, pelota o colchoneta) y avanzar hacia apoyos completos.
  • Ejercicios de carga funcional: levantar objetos ligeros, empujar o tirar con control.
  • Entrenamiento del gesto deportivo o laboral (golpes de raqueta, agarre de herramientas, etc.).

La vuelta al deporte o trabajo físico debe hacerse de forma gradual, asegurando fuerza y estabilidad equivalentes a la muñeca sana.

Prevención y pronóstico

El pronóstico del esguince de muñeca es muy bueno si se trata correctamente. Sin embargo, una rehabilitación incompleta puede dejar inestabilidad crónica residual o pérdida de fuerza.

Medidas preventivas:

  • Calentar antes del ejercicio o la práctica deportiva.
  • Fortalecer la musculatura del antebrazo de manera regular.
  • Evitar cargas bruscas o posiciones forzadas de la muñeca.
  • Utilizar muñequeras protectoras en deportes de riesgo.

En conclusión, el esguince de muñeca es una lesión común, pero con una buena fisioterapia y un plan de ejercicios progresivo, la recuperación suele ser completa. El movimiento temprano dentro del rango de confort, el fortalecimiento gradual y la reeducación funcional son claves para restaurar la movilidad, prevenir la rigidez y evitar futuras recaídas.

La fisioterapia no solo acelera la curación, sino que devuelve la confianza y funcionalidad al paciente, permitiéndole retomar su vida diaria y deportiva sin limitaciones.

BIBLIOGRAFÍA:

  1. Na, K.-T., & Lee, J.-Y. (2016). Diagnosis and Management of Ligament Injuries of the Wrist. Journal of the Korean Fracture Society, 29(2), 160-170. https://doi.org/10.12671/jkfs.2016.29.2.160
    1. Sánchez-Montoya, L. J., Sánchez, D. P., & Ordoñez-Mora, L. T. (2023). Proprioceptive rehabilitation strategies in posttraumatic wrist injuries: A scoping review. Colombia Médica, 54(4), Article 5709. https://doi.org/10.25100/cm.v54i4.5709.
    1. Hong, S.-J., Lee, M.-Y., & Lee, B.-H. (2024). Effects of Wrist Stability Training Combined with Grip Strength Exercise on Pain and Function in Patients with Nonspecific Chronic Wrist Pain. Medicina, 60(7), 1144. https://doi.org/10.3390/medicina60071144
    1. Byrchak, V. (2020). Effectiveness of the active physical therapy in restoring the functional ability of the wrist and hand … Journal of Physical Education and Sport, (special issue) 485–492. https://efsupit.ro/images/stories/decembrie2020/art%20485.pdf

Autora: Paula del Toro (Fisioterapeuta)

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

📞 Contacto y WhatsApp: Ana 693016596

Resumen de privacidad

Esta web utiliza cookies para que podamos ofrecerte la mejor experiencia de usuario posible. La información de las cookies se almacena en tu navegador y realiza funciones tales como reconocerte cuando vuelves a nuestra web o ayudar a nuestro equipo a comprender qué secciones de la web encuentras más interesantes y útiles.