En la entrada anterior de la sección de suelo pélvico vimos hábitos saludables para el suelo pélvico.
Hoy veremos cómo funciona nuestro cuerpo al orinar para entender el porqué de los hábitos saludables miccionales que comentamos en dicha entrada, lo cual es clave para tener la motivación suficiente para adquirirlos.
Resolveremos juntos las siguientes dudas:
- ¿Cómo funciona mi vejiga?
- ¿Cómo sabe nuestro cuerpo que tenemos orina?
- ¿Por qué no debería empujar para orinar?
- ¿Por qué no debería interrumpir el chorro del pis para entrenar mi suelo pélvico?
- ¿Por qué debo ir a orinar aproximadamente cada 3 horas?
- ¿Qué ocurre si orinamos por si acaso o sin tener ganas?
- ¿Qué ocurre si aguantamos demasiado la orina?
- ¿Por qué hacemos menos pis por la noche?
- ¿Qué pasa si hago pis más de una vez por la noche?
- ¿Por qué hago más pis si consumo bebidas alcohólicas?
- ¿Por qué me importa entender todo esto?
¿Cómo funciona mi vejiga?
Para entender por qué se deben llevar a cabo estos hábitos es necesario conocer la fisiología normal de la micción, es decir, del acto de orinar.
El control adecuado de la micción tiene varios personajes implicados: la vejiga, el músculo detrusor, los esfínteres y el sistema nervioso. Por lo tanto, la micción es un proceso neurofisiológico y su objetivo es almacenar y vaciar la vejiga de manera eficaz y segura.
La vejiga es un órgano hueco y elástico que almacena la orina que llega desde los riñones. Está rodeada por capas musculares siendo la más importante el músculo detrusor, que es controlado por el sistema nervioso involuntario. Cuando el detrusor está relajado, permite que la vejiga se llene (fase de llenado), pero si se contrae, expulsa la orina (fase de vaciado).

¿Cómo sabe nuestro cuerpo que tenemos orina?
La pared de la vejiga tiene mecanorreceptores que detectan el estiramiento de la pared de la vejiga conforme se llena y envían señales al cerebro a través de los nervios pélvicos hasta el cerebro avisando de que hay orina.
Estas señales se modulan de forma consciente, no automática (si fuese así, haríamos pis de forma involuntaria nada más sentir ganas), de forma que podemos decidir dos cosas de forma consciente:
- Si es un momento apropiado, el cerebro autoriza el vaciado, activando el detrusor para que se contraiga y relajando los esfínteres uretrales, los cuales son parte de la musculatura del suelo pélvico. Esta es la fase de vaciado de la vejiga.
- Si el momento no es adecuado, la corteza prefrontal del cerebro inhibe el reflejo de micción, manteniendo el esfínter cerrado. Esta es la fase de llenado.

¿Por qué no debería empujar para orinar?
El vaciado vesical normal de la vejiga, como hemos visto, es un proceso reflejo y coordinado que depende de la contracción del músculo detrusor y de la relajación simultánea del suelo pélvico y del esfínter uretral.
Empujar o hacer fuerza para orinar interfiere con este mecanismo fisiológico. El uso repetido de la fuerza abdominal para vaciar la vejiga puede alterar la coordinación detrusor-esfínter, favorecer vaciados incompletos y aumentar la presión sobre el suelo pélvico, favoreciendo así que se debilite.
Además, este patrón puede “desenseñar” a la vejiga a contraerse de forma eficiente por sí misma, haciendo que el vaciado dependa cada vez más del esfuerzo voluntario en lugar del reflejo natural de contracción del detrusor.

¿Por qué no debería interrumpir el chorro de pis para entrenar mi suelo pélvico?
Del mismo modo que empujar para orinar puede modificar el mecanismo normal del vaciado, interrumpir el chorro de orina de forma habitual también lo interrumpe, y además tampoco fortalece el suelo pélvico.
Cortar el chorro supone una contracción voluntaria en un momento en el que fisiológicamente debería estar relajado. Repetir este gesto puede alterar los circuitos implicados en la micción y favorecer patrones erróneos, como una activación excesiva del suelo pélvico o una mala sincronización con el detrusor. Es como volver loca a la vejiga.
Además, cada vez que interrumpes el chorro queda orina residual y puede aumentar el riesgo de infecciones urinarias. Por estos motivos, la interrupción del chorro solo se utiliza de forma puntual con fines evaluativos, como por ejemplo ayudarnos a reconocer dónde debe hacerse la contracción de suelo pélvico, pero no como ejercicio terapéutico.

¿Cada cuánto tiempo debemos orinar por el día y por qué?
En adultos sanos, la frecuencia miccional habitual suele situarse entre 4 y 8 micciones diurnas, lo que de forma orientativa puede corresponder a intervalos de unas 3 horas, aunque existe una amplia variabilidad individual. Este intervalo corresponde con una vejiga llena al 300-400 ml de su capacidad total, que son 500 ml.
Desde el punto de vista fisiológico, la vejiga no funciona como un reloj, sino en función del volumen de llenado y de las señales que envían al sistema nervioso central los receptores de la vejiga. De forma que, en función de cada individuo y de si tiene alguna disfunción, se recomendarán unas pautas u otras, que pueden oscilar entre las 2-4 horas entre micciones según el caso.
Por ello, los hábitos miccionales saludables se basan en respetar las señales fisiológicas de la vejiga, acudiendo al baño ante una necesidad clara: no es bueno posponer las ganas de forma habitual porque nos acercaríamos a la capacidad completa de la vejiga, pero tampoco es bueno ir a orinar antes de sentir ganas.

¿Qué ocurre si orinamos por si acaso o sin tener ganas?
Cuando una persona orina de forma anticipada y repetida (sin necesidad real), el cerebro asocia un volumen de la vejiga más pequeño del normal con la sensación de urgencia y con la necesidad de vaciar. Con el tiempo, el umbral de activación del reflejo miccional se reduce y la vejiga “aprende” a enviar señales de llenado antes de lo normal.
Esto puede favorecer una mayor frecuencia urinaria, urgencia miccional (sensación repentina e intensa de orinar, muchas veces incontrolable que puede terminar en pérdida) y, en algunos casos, vejiga hiperactiva funcional.

¿Qué ocurre si aguantamos demasiado la orina?
Por el contrario, retrasar excesivamente la micción puede hacer que el detrusor se distienda (estiramiento excesivo), afectando su sensibilidad y contractilidad. Esto, por un lado, quiere decir que mi vejiga puede aprender a no mandarme señales de llenado hasta el tercer aviso (baja sensibilidad), obviando el primero y el segundo, y llenando siempre al máximo la vejiga.
Por otro lado, esta situación va a hacer que el músculo detrusor de la vejiga tenga que estirarse mucho para que quepa toda la orina, haciendo que le cueste más contraerse para vaciar (baja contractilidad), pudiendo generar un vaciado incompleto.
Con el tiempo, puede producirse una vejiga hipoactiva o una alteración de la percepción de llenado, lo que genera micciones infrecuentes, vaciamiento incompleto, riesgo de infecciones urinarias o disfunciones miccionales por retención excesiva de la orina.
Además, si aguantamos mucho la orina, el suelo pélvico tiene que aguantar un peso innecesario, pudiendo debilitarse a lo largo del tiempo a consecuencia de una carga excesiva, y acabar generando cuadros de incontinencia urinaria.

¿Por qué hacemos menos pis por la noche?
Por la noche producimos menos orina gracias a mecanismos hormonales y al funcionamiento normal de la vejiga durante el sueño.
Durante la noche, el cuerpo libera más vasopresina, es decir, la hormona antidiurética, que actúa en los riñones para reabsorber el agua y disminuir el volumen de orina. Por ello podemos dormir varias horas sin necesidad de orinar.
Por otro lado, la vejiga por las noches tiene más capacidad funcional y el músculo detrusor está menos activo, por lo que el umbral de aviso de la vejiga se eleva, es decir, necesitas más volumen para percibir ganas de orinar. Además, por la noche bebemos menos que durante el día y el efecto de la gravedad es menor (acumulando menos líquido en las piernas), reduciendo ambas situaciones la producción de orina.

¿Qué pasa si hago pis más de una vez por la noche?
Levantarse más de una vez por las noches se considera nicturia, según la International Continence Society, y debe evaluarse por un profesional de la salud, sobre todo si interfiere con el descanso o coincide con otros síntomas como urgencia, escapes, sed excesiva, dolor, etc.
Las causas pueden ser variadas y no todas patológicas (como tener hábitos incorrectos):
- Exceso de ingesta de líquidos por la tarde/noche: especialmente café, té, alcohol o bebidas con gas, por ello se recomienda restringir las bebidas 2 horas antes de dormir.
- Problemas del sueño: insomnio, despertares frecuentes, apnea del sueño.
- Hiperactividad del detrusor: la vejiga se contrae antes de tiempo y activa la señal de “urgencia”.
- Reducción insuficiente de la vasopresina: ocurre en algunas personas mayores, provocando un volumen nocturno elevado.
- Edemas en piernas / insuficiencia venosa: el líquido retenido se reabsorbe al tumbarse, llega al riñón y genera más orina nocturna.
- Diabetes o diabetes insípida: generan mayor producción de orina.
Si te despiertas por otra razón (ruido, calor, hijos, estrés) y al levantarte notas ganas leves y decides ir al baño “por si acaso”… ya sabes que eso no es lo ideal: tu cerebro aprende que ante cualquier pequeño estímulo debe enviar una señal de vaciado y la vejiga se acostumbra a volúmenes más pequeños.

¿Por qué hago más pis si consumo bebidas alcohólicas?
El alcohol interfiere con la vasopresina, la hormona antidiurética de la que hablábamos antes, que disminuye la producción de orina. El alcohol la suprime, por lo que los riñones excretan más agua de lo habitual generando más orina y más ganas de ir al baño.
El alcohol también puede irritar la vejiga y el tejido uretral, lo que hace que percibas antes la necesidad de vaciar la vejiga, incluso cuando todavía no está muy llena.
El aumento de producción de orina junto con la irritación de la vejiga pueden aumentar la urgencia y la frecuencia urinaria. Esto significa más “ganas repentinas” y más idas al baño. En personas con vejiga hiperactiva o disfunción del suelo pélvico, este efecto puede empeorar síntomas preexistentes.
Por otro lado, el alcohol tiene un efecto depresor sobre el sistema nervioso central, lo que puede alterar la coordinación entre la vejiga y los músculos del suelo pélvico que ayudan a contener la orina. En personas con incontinencia urinaria ya existente, el alcohol puede exacerbar los episodios de pérdida involuntaria de orina porque el reflejo de cierre voluntario es menos eficaz.

¿Por qué me importa entender todo esto?
Porque comprender cómo funciona tu vejiga y tu suelo pélvico te permite dar sentido a los hábitos que te recomendamos y no vivirlos como normas arbitrarias.
Ahora ya sabes que el cerebro funciona a través de aprendizajes repetidos y que la micción es un acto reflejo-voluntario guiado por señales biológicas que el cerebro aprende e interpreta. Si repetimos malos hábitos, ese aprendizaje puede cambiar y generar patrones equivocados.
Entender el “por qué” es una herramienta clave para cuidar tu suelo pélvico hoy y prevenir problemas en el futuro.
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Autora: Estela Torralba de Lago. Fisioterapeuta especializada en Procesos de Salud de la Mujer y Salud Pélvica. CPFCM nº col. 17041