La artrosis de rodilla, es una enfermedad degenerativa que afecta a millones de personas. La fisioterapia es considerada una de las intervenciones de primera línea en el tratamiento conservador de dicha patología para gestionar sus síntomas y mejorar la calidad de vida de los pacientes. A través de diversas técnicas y modalidades, la fisioterapia ayuda a reducir el dolor, mejora la función, fortalece la musculatura y retrasa la progresión de la enfermedad. Estos enfoques permiten a los pacientes mantener una vida activa y funcional.
¿Qué es la artrosis de rodilla?
La artrosis de rodilla es una enfermedad degenerativa caracterizada por la pérdida progresiva del cartílago articular, cambios óseos subcondrales y sinovitis. Se manifiesta a través de diversos síntomas que afectan la calidad de vida de quienes la padecen.

Definición de artrosis de rodilla y características
La artrosis de rodilla, también conocida como gonartrosis, es una condición crónica asociada al desgaste progresivo del cartílago que recubre las superficies de la articulación de la rodilla. A medida que este cartílago se deteriora, la superficie de los huesos se vuelve menos lisa y puede producirse contacto entre los huesos, lo que provoca dolor, inflamación y limitaciones en el movimiento articular. La enfermedad suele evolucionar de forma lenta y progresiva, y sin un manejo adecuado puede empeorar con el tiempo, afectando la funcionalidad y calidad de vida de las personas afectadas.
Síntomas y signos comunes
Los síntomas de la artrosis de rodilla varían entre los pacientes, aunque ciertos signos son especialmente representativos de esta afección.
Dolor y rigidez
El dolor articular es uno de los síntomas más frecuentes. Generalmente, el dolor se intensifica con la actividad física y tiende a aliviarse con el reposo. La rigidez suele estar presente, especialmente después de largos períodos de inactividad, como al levantarse de una silla o al iniciar el movimiento por la mañana, distintivo de la artrosis frente a otras enfermedades inflamatorias.
Inflamación y chasquidos

La hinchazón en la rodilla puede ser notoria, frecuentemente acompañada de un derrame de líquido sinovial. Además, muchos pacientes informan sobre una sensación de chasquido o crujido al mover la articulación, un signo que puede indicar el roce de los huesos o la falta de lubricación adecuada.
Dificultad para flexionar y extender
Los pacientes pueden experimentar limitaciones en la amplitud de movimiento. La flexión y extensión de la rodilla se vuelven complicadas, lo que afecta actividades diarias como caminar o subir escaleras. Esta dificultad puede llevar a una mayor inestabilidad en la articulación, incrementando el riesgo de caídas.
Sensación de inestabilidad o “fallo”
En etapas más avanzadas, algunos pacientes describen una sensación de inestabilidad o de que la rodilla “ceda”, especialmente al caminar o cambiar de dirección.
Deformidades articulares
En casos más severos pueden aparecer deformidades (por ejemplo, rodillas “en valgo” o “en varo”.
Factores de riesgo para la artrosis de rodilla
Existen diversos factores individuales, biomecánicos y ambientales que pueden contribuir al desarrollo y progresión de la artrosis de rodilla. Algunos de los más relevantes son los siguientes:
Lesiones previas
Las lesiones traumáticas de la articulación de la rodilla, incluyendo desgarros de ligamentos (por ejemplo, ligamento cruzado anterior), daños en los meniscos o fracturas, aumentan significativamente el riesgo de desarrollar artrosis en esa rodilla años después. Esto se debe a que alteran la biomecánica normal de la articulación y pueden causar degeneración del cartílago y cambios inflamatorios crónicos.
Edad y genética
La edad es uno de los factores de riesgo no modificables significativo más consistentes para la artrosis. Con el paso del tiempo, el tejido cartilaginoso pierde elasticidad y capacidad de reparación, y aumentan los cambios estructurales de la articulación.
Adicionalmente, antecedentes familiares de artrosis pueden indicar una predisposición genética que aumenta el riesgo de desarrollar esta patología.
Sobrepeso y estilo de vida
El exceso de peso genera una carga adicional sobre la articulación de la rodilla, lo que acelera el deterioro del cartílago, es uno de los factores de riesgo más sólidos y modificables para la artrosis de rodilla.
Un estilo de vida sedentario también contribuye al desarrollo de la artrosis, ya que la falta de ejercicio puede llevar a debilidad muscular y rigidez articular.
- Menor fuerza muscular alrededor de la rodilla (especialmente cuádriceps), lo que reduce el soporte articular.
- Disminución de la movilidad y elasticidad que favorece rigidez y desgaste.
Diagnóstico y evaluación
El diagnóstico de la artrosis de rodilla es fundamental para establecer un tratamiento oportuno. Este se basa fundamentalmente en la valoración clínica del paciente, apoyada por pruebas complementarias cuando sea necesario.
Pruebas clínicas
Los fisioterapeutas realizan una serie de pruebas para evaluar la movilidad articular, la fuerza muscular y los síntomas que presenta el paciente. Estas evaluaciones son esenciales para determinar el impacto de la enfermedad en la funcionalidad de la rodilla.
Estudios de imagen
Aunque el diagnóstico es principalmente clínico, en algunos casos se pueden solicitar estudios de imagen, como radiografías o resonancias magnéticas, para confirmar el diagnóstico y clasificar el grado de severidad de la artrosis. Estos estudios permiten obtener una visión más clara del estado del cartílago y las estructuras óseas, facilitando un tratamiento más personalizado.
Radiografías convencionales
- Son la prueba de imagen estándar inicial.
- Permiten evaluar el estrechamiento del espacio articular, osteofitos, esclerosis subcondral y deformidades óseas que son típicas de la artrosis. elsevier.es
- El grado de artrosis en las radiografías se clasifica frecuentemente mediante la escala de Kellgren y Lawrence.
- No siempre existe una correlación directa entre hallazgos radiográficos y la intensidad del dolor o síntomas clínicos, por lo que deben interpretarse junto con la clínica del paciente. Madrid

Resonancia magnética (RM)
- La RM no se recomienda de rutina para el diagnóstico de artrosis cuando la presentación clínica es típica y las radiografías muestran cambios característicos.
- Su uso se reserva para casos con presentación atípica, sospecha de lesiones concomitantes (por ejemplo, meniscales o cartilaginosas más complejas) o cuando otros diagnósticos deben ser excluidos.
Evaluación funcional
Además de la historia clínica y las pruebas físicas e imagenológicas, en algunos contextos se utilizan cuestionarios estandarizados para medir el impacto de la artrosis en la función y la calidad de vida, como:
- WOMAC (Western Ontario and McMaster Universities Osteoarthritis Index) para evaluar dolor, rigidez y función.
Objetivos del tratamiento en fisioterapia
El tratamiento fisioterapéutico se centra en un enfoque integral para ayudar a los pacientes a gestionar los síntomas de la artrosis de rodilla. Los objetivos principales son aliviar el dolor, mejorar la función articular y mantener la calidad de vida. Las intervenciones están respaldadas por guías clínicas y revisiones sistemáticas que consideran el ejercicio terapéutico como un pilar fundamental del tratamiento no farmacológico.
Disminuir el dolor
Uno de los principales objetivos del tratamiento es reducir el dolor asociado con la artrosis de rodilla. Para lograr esto, se emplean diversas técnicas que pueden incluir:
- Terapias manuales para aliviar la tensión en los tejidos circundantes.
- Aplicaciones de frío y calor para gestionar la inflamación y la rigidez.
- Ejercicios específicos para mejorar la circulación y minimizar el dolor en la articulación. El ejercicio terapéutico, incluyendo fortalecimiento muscular y actividades de bajo impacto.
Mantener o aumentar la movilidad articular
Mantener o incluso mejorar la movilidad articular es fundamental para la funcionalidad diaria. La fisioterapia busca evitar la rigidez que puede surgir con la progresión de la enfermedad. Las intervenciones pueden incluir:
- Ejercicios de rango de movimiento para facilitar la flexibilidad.
- Técnicas de movilización que permiten una mejora en la amplitud articular.
- Actividades que simulen movimientos cotidianos para optimizar el uso de la articulación en acciones diarias.
Fortalecer la musculatura
El fortalecimiento de los músculos que rodean la rodilla es crucial para proporcionar soporte y estabilidad a la articulación. Un enfoque destacado es:
- Ejercicios específicos que se centran en los músculos cuádriceps e isquiotibiales, fundamentales para la función de la rodilla.
- Programas de ejercicio que incorporan resistencia progresiva para maximizar los beneficios musculares.
- Ejercicios de tonificación que se adaptan al nivel y necesidades del paciente.
Prevenir deformidades y mantener la independencia funcional
Un objetivo vital del tratamiento fisioterapéutico es evitar deformidades que puedan surgir debido al debilitamiento de la articulación y a la falta de movilidad y preservar la capacidad funcional global. Se busca fomentar la independencia funcional a través de:
- Ejercicios diseñados para mejorar la estabilidad y el equilibrio del paciente.
- Educación sobre técnicas de ahorro articular y técnicas de movimientos seguro por ejemplo, cómo levantar pesos sin cargar exceso sobre la rodilla) forman parte fundamental del tratamiento y ayudan a mantener la autonomía.
- Programas de ejercicio personalizados que potencian la autonomía y la calidad de vida del paciente.
Modalidades de tratamiento fisioterapéutico
El tratamiento fisioterapéutico para la artrosis de rodilla se basa en diversas modalidades diseñadas para aliviar el dolor, mejorar la funcionalidad y fomentar una recuperación efectiva. Estas modalidades incluyen técnicas analgésicas, ejercicios terapéuticos y el uso de agentes físicos. La evidencia científica respalda especialmente el ejercicio terapéutico, mientras que otros métodos físicos se usan como complementos según las necesidades del paciente.
Técnicas analgésicas
Las técnicas analgésicas son fundamentales para el manejo del dolor en pacientes con artrosis de rodilla. A continuación, se describen algunas de las más utilizadas.
Termoterapia y crioterapia
- El uso de calor puede ayudar a disminuir la rigidez articular antes de la sesión de ejercicio y mejorar la tolerancia al movimiento.
- La crioterapia (frío) puede ser útil para reducir el dolor y la inflamación de forma temporal.
- Las guías clínicas reconocen el uso de frío y calor como medidas físicas que pueden producir alivio sintomático, aunque las evidencias sobre efectos a largo plazo son limitadas.
Terapia manual y masajes
Las técnicas de terapia manual (como movilizaciones articulares suaves o técnicas de tejidos blandos) han mostrado beneficios principalmente a corto plazo en la reducción del dolor y mejora del rango de movimiento cuando se combinan con programas de ejercicio.
Los masajes también son efectivos para reducir la tensión muscular y mejorar la circulación sanguínea en la zona afectada, lo que puede resultar en una disminución del dolor y una mayor movilidad.
Ejercicio terapéutico

El ejercicio terapéutico es una parte esencial del tratamiento. Se enfoca en mantener y mejorar la movilidad y la fuerza muscular alrededor de la rodilla.
Ejercicios de fortalecimiento
Se enfatiza el fortalecimiento de los músculos que rodean la rodilla, como los cuádriceps y los isquiotibiales. Los ejercicios específicos pueden incluir extensiones de rodilla y levantamientos de talones que ayudan a proporcionar soporte adicional a la articulación afectada.
Ejercicios de equilibrio y movilidad
La mejora del equilibrio y la movilidad es fundamental para prevenir caídas y asegurar una mayor autonomía. Se pueden implementar ejercicios que fomenten la estabilidad, como el entrenamiento en superficies inestables o ejercicios específicos de equilibrio.
Reeducación postural global
La reeducación postural global se utiliza para corregir desalineaciones posturales que pueden contribuir a la sobrecarga en la rodilla. Se centra en la filiación de movimientos adecuados, optimizando la biomecánica corporal y evitando lesiones secundarias y reducir estrés biomecánico.
Uso de agentes físicos
Los agentes físicos son terapias complementarias que se utilizan para potenciar los efectos del tratamiento fisioterapéutico.
Electroterapia y ultrasonido
La electroterapia, como la estimulación nerviosa eléctrica transcutánea (TENS), se utiliza para controlar el dolor mediante impulsos eléctricos. El ultrasonido se aplica para promover la regeneración de tejidos y reducir el dolor y la inflamación, favoreciendo la recuperación de las lesiones.
Magnetoterapia
La magnetoterapia puede ayudar en la curación de tejidos y en la reducción de la inflamación, utilizando campos magnéticos. Este enfoque puede complementar otras modalidades y contribuir al bienestar del paciente.
Educación y autocuidado del paciente
La educación del paciente es crucial para que pueda gestionar su condición de manera efectiva. Se le instruye sobre diferentes aspectos que pueden influir en su recuperación.
Estilo de vida y dieta adecuada
Se promueve un estilo de vida activo y saludable. Mantener un peso adecuado es fundamental para reducir la carga en las articulaciones. La adopción de una dieta equilibrada que incluya nutrientes antiinflamatorios puede ser beneficiosa para la salud articular.
- Estilo de vida activo y control del peso: Mantener un peso corporal saludable reduce la carga mecánica sobre la articulación y está asociado con mejores resultados clínicos.
- Dieta y hábitos saludables: Mantener una nutrición equilibrada apoya la salud general y puede favorecer la gestión de síntomas.
Técnicas de ahorro articular
Se enseñan técnicas de ahorro articular para realizar las actividades diarias de forma más cómoda y segura. Estas incluyen el uso de ayudas ortopédicas y recomendaciones sobre cómo adoptar posturas adecuadas durante diversas actividades para minimizar el estrés en la rodilla.
Rehabilitación postoperatoria en artrosis de rodilla
La rehabilitación tras la cirugía de artrosis de rodilla, especialmente después de una artroplastia total de rodilla (RTR o TKA), es un componente esencial del tratamiento que busca restaurar la función articular, promover la recuperación funcional global y minimizar complicaciones postoperatorias. El enfoque fisioterapéutico se basa en evidencia que demuestra beneficios en movilidad, fuerza y calidad de vida, y prevenir posibles complicaciones que puedan surgir durante el proceso de recuperación.

Recuperación de la movilidad y fuerza
Después de la cirugía de artrosis de rodilla, la rehabilitación se centra en recuperar la movilidad y la fuerza de la articulación. Esta fase inicial del tratamiento es crucial para minimizar el riesgo de rigidez y mejorar la funcionalidad de la rodilla.
Los fisioterapeutas suelen diseñar programas de ejercicios específicos para cada paciente, que pueden incluir:
- Ejercicios de rango de movimiento: La rehabilitación temprana incluye ejercicios que ayudan a recuperar el rango de movimiento (flexión y extensión), lo cual es esencial para la funcionalidad diaria.
- Ejercicios de fortalecimiento: Se enfocan en los músculos que rodean la rodilla, especialmente los cuádriceps y los isquiotibiales, para proporcionar una base sólida y mejorar la estabilidad.
- Entrenamiento funcional: Se incluyen actividades que simulan los movimientos cotidianos, ayudando a que el paciente recupere su independencia en las tareas diarias.
La progresión de los ejercicios debe ser gradual y supervisada por un fisioterapeuta para evitar lesiones o complicaciones adicionales. El seguimiento regular permite ajustar el programa de rehabilitación a las necesidades y evolución del paciente.
Prevención de complicaciones postquirúrgicas
La rehabilitación también se orienta a prevenir complicaciones comunes tras una artroplastia de rodilla, que pueden incluir:
- Trombosis venosa profunda (TVP): La movilización temprana y los ejercicios activos de las extremidades inferiores favorecen la circulación sanguínea y reducen el riesgo de coágulos.
- Infecciones y problemas respiratorios: La movilización temprana y ejercicios de respiración profunda ayudan a mantener la ventilación pulmonar adecuada y disminuir complicaciones respiratorias asociadas con la inmovilidad.
- Rigidez articular: Iniciar el movimiento controlado de la articulación desde las primeras fases reduce la probabilidad de rigidez significativa en el postoperatorio.
Las estrategias para prevenir estas complicaciones incluyen:
- Movilidad temprana: Fomentar movimientos suaves desde las primeras horas postoperatorias para mejorar la circulación sanguínea.
- Uso de dispositivos de asistencia: Emplear muletas o andadores según sea necesario, contribuyendo a una recuperación más segura.
- Ejercicios de respiración: Promover la ventilación pulmonar para evitar problemas respiratorios relacionados con la movilidad reducida.
La educación del paciente sobre los cuidados postoperatorios y la importancia de seguir las indicaciones del equipo de salud es esencial para un resultado exitoso.
El seguimiento regular permite ajustar la intensidad y el tipo de ejercicios, además de abordar dificultades específicas como dolor persistente o limitaciones funcionales.
Preguntas frecuentes sobre la artrosis de rodilla y su tratamiento
La artrosis de rodilla es una condición que genera inquietudes comunes entre los pacientes. A continuación, se presentan algunas de las preguntas más frecuentes sobre su tratamiento y manejo en fisioterapia.
¿Cuántas sesiones de fisioterapia son necesarias?
El número de sesiones de fisioterapia necesarias para tratar la artrosis de rodilla varía según la gravedad de la afección, la respuesta al tratamiento y los objetivos individuales del paciente. En general, se puede establecer un plan que contemple:
- Un programa inicial que puede consistir en 1 a 2 sesiones por semana, durante 8–12 semanas suele ser una buena pauta para conseguir beneficios clínicos sólidos, siempre combinada con ejercicios en casa supervisados o guiados.
- Reevaluaciones periódicas para ajustar el número de sesiones según los avances observados.
- La duración total del tratamiento puede abarcar desde varias semanas hasta varios meses, dependiendo de la evolución del paciente. Dado que la artrosis es una condición crónica, muchos pacientes continúan con ejercicios domiciliarios y revisiones más espaciadas después de la fase inicial para mantener los beneficios a largo plazo
Es fundamental seguir las indicaciones del fisioterapeuta y asistir a las sesiones recomendadas para optimizar los resultados del tratamiento.
¿Cómo influye la fisioterapia en la calidad de vida?
La fisioterapia desempeña un papel crucial en la mejora de la calidad de vida de las personas con artrosis de rodilla. Algunos de los beneficios que se pueden destacar son:
- Reducción del dolor: Utilizando técnicas adecuadas se puede disminuir significativamente el dolor articular.
- Aumento de movilidad: Se fomenta la amplitud de movimiento, facilitando las actividades diarias.
- Fortalecimiento muscular: Se mejora la fuerza de los músculos alrededor de la rodilla, lo que proporciona un mayor soporte a la articulación, lo cual reduce la carga sobre la articulación y favorece la estabilidad articular.
- Prevención de complicaciones: Una correcta rehabilitación ayuda a prevenir problemas adicionales como la rigidez articular o la debilidad muscular.
Gracias a estos aspectos, los pacientes suelen reportar un aumento en su bienestar general y una mejora en su capacidad para realizar tareas cotidianas.
¿Qué papel juegan los especialistas en fisioterapia?
Los fisioterapeutas son profesionales altamente capacitados que desempeñan un rol integral en el tratamiento de la artrosis de rodilla. Sus funciones incluyen:
- Evaluación inicial: Realizan una valoración exhaustiva del paciente para identificar limitaciones y establecer un plan de tratamiento personalizado.
- Diseño de programas de rehabilitación: Desarrollan un enfoque que combina ejercicios terapéuticos y técnicas de tratamiento adecuadas a las necesidades del paciente.
- Educación del paciente: Proporcionan información sobre la patología, estrategias de autocuidado y recomendaciones para un estilo de vida más saludable.
- Seguimiento continuo: Monitorean el progreso del paciente y ajustan el tratamiento en función de su evolución.
La colaboración estrecha entre el fisioterapeuta y el paciente es clave para lograr un manejo efectivo de la artrosis de rodilla.
Visita Clínica Rozalén y te ayudaremos.